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3 feb 2012

Reinforcements have arrived.

Pensaba que nos mandarían de vuelta a casa, pero lo cierto es que después de ducharse y pillar la bolsa apenas podía andar.
Conducir hacia el hospital en momentos como ese es una sensación rara, quieres ir muy rápido pero no quieres cagarla, conducía muy concentrado, de la forma más eficiente que puedes, revisando los espejos, pensando en largo ; Me cambio de carril aunque no toque, el mio se bloqueará cuando salga el bus, vehículo especial incorporándose acelera para librarlo, me pego al de la L y le adelanto en la rotonda...
Conseguí llegar en muy poco tiempo sin haber violado el código de circulación, solo tocamientos.
Cuando llegamos, el semáforo de giro a la entrada del hospital estaba fundido, en su lugar un policía nos dio el paso, directamente, del tirón, buena señal moro de la morería.
- ¡Estamos de parto!.
- ¡Adelante! urgencias ginecólogicas tiras derecha y derecha.
Barrera arriba.
El suelo estaba mojado, con el giro piqué rueda, me dio un poco de apuro, y también me hizo gracia.

Bueno, yo esperaba que en urgencias ginecológicas la gente estaría como en los boxes de Redbull, esperando para actuar como autómatas bien engrasados:
¡Camilla lista! ¡arriba! -7'3 segundos- ¡vamosss!.
Pues no, un hall sin luz y nadie esperando, a la primera médico que vi le dije "¡estamos de parto!" y con parsimonia respondió  "Arriba en la primera planta, el ascensor está ahí" y continuo su lento paso.
Después supe que ese uniforme no era de médico, era del personal de limpieza, va todo por colores y distintivos, una historia vaya.
Vamos para allá, el ascensor lentísimo, las puertas muy lentas. Izquierda nada, derecha un parapeto acristalado, al final un señor pequeño y orondo.
-¡Estamos de parto!
-Vale si, ¿me dejas la tarjeta y la cartilla?.
Antes de terminar la pregunta ya las tenía en el hocico.
Leía lento, las hojas las pasaba lento, mi mujer se retorcía, se le escapaba un ayyy, bajito, le daba vergüenza quejarse, yo mecagabahastaenla0stiaputa.
El señor llama por un intercomunicador y por la puerta del final aparece una enfermera, una matrona, un ángel. Retiro todas mis maldiciones. En dos minutos la habían metido la bolsa en una taquilla, me habían dado la llave, habían desvestido a mi mujer, le habían puesto una bata, y dos ángeles más se incorporaron como apoyo. En otros dos minutos estaba tumbada en una sala de dilatación, unas cintas registraban el ritmo cardíaco del niño y ya tenían un veredicto.
- El bebe está bien, estas de 8 centímetros, ya no podemos poner epidural, está llegando, ¿cómo se llama?
-Pero si no ha roto aguas...
El ángel in chief me mira como si por primera vez notara mi presencia.
-No siempre se rompen aguas.
Yo lo sabía por las películas pero mejor si cierro el pico.

¿Cómo sé que eran ángeles? porqué sin haber visto nunca antes a mi mujer resultaron unas personas muy cercanas, cariñosas y sobre todo capaces. En esos momentos yo buscaba "pros", y los encontré. Consiguieron dominar la situación y calmar a ese tipo confuso, inquieto por los siguientes pasos.
No es necesario explicar los detalles de un parto sin anestesia, mi mujer que al principio no gritaba porque le daba vergüenza cambió de opinión. Lo bueno es que fue rápido.
-¡A la siguiente empuja!.

Me estaba metiendo un chicle a la boca y de repente... El niño nació.



Y lloró.
Un ángel se llevo al niño y otros dos se quedaron con la madre.
Felicidades decían.
Seis semanas antes de lo previsto se ha incorporado un nuevo jugador.Hijo mio, ojalá te vaya bien, haré todo lo que pueda.


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